La conducción se comprende o no, pero no se aprende. Es el ejercicio del criterio, y el que tiene criterio puede realizar una conducción racional, pero el que no pone en juego su criterio y pretende remplazarlo por la retentiva o la memoria, no llega a realizarla nunca. Por eso no es la conducción misma la que enseña la conducción. Es más bien, una facultad de la comprensión.Hay un caso que se cita mucho en conducción militar, dicen que el mariscal de Sajonia hizo todas las campañas durante veinte años montado en una misma mula, y que a pesar de haber hecho durante veinte años todas las campañas, la mula no aprendió nada sobre la conducción.Con eso nosotros hemos querido determinar que hay una condición que, en el que abraza la conducción, no puede faltar, que es la penetración, la penetración profunda. Por eso hay hombres que durante toda su vida han hecho conducción sin comprenderla y otros que nunca han conducido, pero saben conducir, por que han comprendido la conducción. En cambio, si bien la conducción no puede enseñarse, existen elementos de la conducción que es necesario aprender, la conducción es un arte, y en consecuencia como todas las artes, tiene su teoría. La teoría se puede aprender. Y también tiene sus formas de ejecución, que también se pueden aprender.Los “elementos de la conducción política” hay tres elementos, primero: los conductores; segundo: los cuadros auxiliares de la conducción y tercero, la masa y su organización.Lo primero que hay que hacer es despertar en la masa el sentido de la conducción, los hombres se conducen mejor cuando quieren y están preparados para ser conducidos. Es mas difícil conducir una masa que no esta preparada; y esa preparación es de dos ordenes: una preparación moral para que sienta el deseo y la necesidad de ser conducida y otra intelectual para que sepa ser conducida.Algunos creen que una masa se conduce mejor cuando mas ignorante sea. Es teoría de algunos conductores políticos. Cuanto más ignorante mejor, - piensan-, por que ellos conducen según sus apetitos. Los apetitos propios de una masa de ignorantes son malos concejeros para la conducción, por que los apetitos están en contra de la función básica de la conducción, que sea una masa disciplinada, inteligente, obediente y con iniciativa propia. Esa es la masa ideal para conducir, es la masa fácil, la que se conduce sola, por que hay momentos que pierde la acción del conductor, que “se va de la mano del conductor” y en ese momento debe conducirse sola.Ese es, en política, un fenómeno que sucede todos los días. Cuando una masa no tiene sentido de la conducción y uno lo deja de la mano, no es capaz de seguir sola, y se producen los grandes cataclismos políticos.Por eso conducir en política es difícil, por que a la vez de ser conductor hay que ser maestro; hay que enseñar a la masa; hay que educarla; hay que enseñar a los intermediarios de la conducción, por que la conducción no se puede realizar con un hombre y una masa, por que esa masa no esta encuadrada, se disocia. La masa debe estar encuadrada por hombres que tengan la misma doctrina del conductor, que hablen en su mismo idioma, que sientan como él. Sin eso no se puede conducir.En esto, como en todo lo demás, se comienza a construir desde abajo y nunca desde arriba. Es inútil dar a una masa inorgánica y anárquica un conductor. Lo van a colgar. Primero hay que formar esa masa, sobre ella edificar, y al final, en el vértice de la pirámide, ahí va a estar el conductor, y esa masa lo va a llevar al conductor cuando el conductor no pueda llevarla a ella, porque la conducción no se hace solo por medio del conductor. Los triunfos de Napoleón, no se deben solo a él. Cuando él no pudo, fue su gran ejercito el que lo llevo, ¡cuantas veces dijo que se sentia llevado por su ejercito!...Es decir que la conducción, tiene ese fenómeno extraordinario, y el conductor es a veces, conducido por los propios elementos de la conducción, cuando ellos esta capacitados. Pero, si no lo están, la primera vez que flaquean, el conductor se hunde, él con todos sus cuadros.La conducción debe estar en manos de hombres de un perfecto equilibrio. Napoleón lo definía como un perfecto cuadrado: los valores morales son la base; los intelectuales, la altura. Es necesario, que un conductor tenga tantos de uno como de otros. Si logra ese equilibrio, es el hombre de la conducción. Pero cuando se van los valores morales sobre los intelectuales, lo llevan a realizar cosas inconsultas, y cuando estos últimos lo sacan de las virtudes, ya no deja “macana” por hacer.Algunos creen que gobernar o conducir es hacer siempre lo que uno quiere. Grave error. En el gobierno, para que uno pueda hacer el cincuenta por ciento de lo que quiere, ha de permitir que los demás hagan el otro cincuenta por ciento de lo que ellos quieren. Hay que tener la habilidad para que ese cincuenta por ciento que le toque a uno, sea lo fundamental. Los que son siempre amigos de hacer su voluntad, terminan por no hacerla en manera alguna. Ustedes han de haber visto esto entre los mismos compañeros. Hay algunos voluntariosos que siempre quieren imponer su voluntad, que nunca transigen con los otros. Si trabajan en su circunscripción, todo ha de ser para ellos. No han sido capaces de desprenderse de ese cincuenta por ciento, e ignoran que en política, como en todo, “el que mucho abarca, poco aprieta”.El conductor no puede decir la primer mentira; el conductor no puede cometer la primer falsedad ni el primer engaño; debe mantener una conducta honrada, mientras actué, y el día que no se sienta capaz de llevar adelante una conducta honrada será mejor que se vaya y no trate de conducir, por que no va a conducir nada.Yo he dicho muchas veces que los hombres proceden tan bien, como bien informados estén. Uno de los grandes errores que cometen los hombres en la conducción política es precisamente, accionar sin conocer bien cual es la situación. Equivocados de la situación, se afirman las enormidades mas espantosas, como aquellos que dicen “todo el pueblo esta con migo” y muchas veces ni el de ordenanzas los acompaña.La autocrítica es la que permite que en rueda de amigos, nos digamos la verdad, aunque no nos guste, hay que decirla, y entre amigos es obligación decirla. La verdadera colaboración, no es alabar siempre, sino señalar los errores, hablando un lenguaje claro de realidad, de verdad y de amistad. El verdadero amigo es el que aconseja, y si es el enemigo el que habla mal, es mejor que esté cerca. Entre nosotros, compañeros de una misión común, con una doctrina común, no nos podemos ocultar la verdad, la verdadera colaboración esta en decirle al amigo: “esto esta mal” esa autocrítica es la que tenemos que propugnar. Nos reunimos y en círculo reservado decimos todo lo que pensamos. Entre nosotros no puede haber reservas mentales. Las reservas mentales es una forma de traición al compañero y al amigo. Esto se hace de dos maneras: cuando la gente lo hace con encono y termina con sillazos. Si lo hace con sinceridad, lealtad y bondad, termina con abrazos.El conductor político es, por sobre todas las demás cosas, un luchador. Por inteligente, sabio, y bueno que sea, si no lucha para alcanzar lo que se propone, no llegara nunca a ser conductor.El conductor siempre trabaja para los demás, jamás para él. Porque si él se obsesiona con su conveniencia, abandona la conveniencia de los demás, y cuando ha abandonado la conveniencia de los demás, falta poco tiempo para que los demás lo abandonen a él.Por esa razón son dos las condiciones fundamentales del conductor: su humildad para hacerse perdonar por los demás lo que no hace por ellos; y su desprendimiento, para no verse nunca tentado a trabajar para sí. Estas condiciones, que parece que no tuvieran importancia, la tienen y extraordinariamente en el conductor político. El contutor político nunca es autoritario ni intransigente. No hay casa que sea más peligrosa para el político que la intransigencia, porque la política es, en medio de todo, el arte de convivir, y en consecuencia, la convivencia no se hace a base de intransigencia, sino de transacciones. En lo único que uno debe ser intransigente es en su objetivo fundamental y en el fondo de la doctrina que practica. Pero debe ser alta y profundamente transigente en los medios de realizarla, para que todos, por su propio camino, puedan recorrer el camino que les pertenece. Ese proceder del conductor es lo que va haciendo paulatinamente su pedestal.El conductor político nunca manda; cuando mucho aconseja, es lo mas que se puede permitir. Pero debe tener el método o el sistema necesario para que los demás hagan lo que él quiera, sin que tenga que decirlo.Quien conduce en política de otra manera, choca siempre y en política el choque es el principio de la destrucción del poder. Por eso, el conductor no sigue; es seguido, y para ser seguido hay que tener un procedimiento especial; no puede ser el procedimiento de todos los días.En este orden de cosas creo yo que la base es la lealtad y la sinceridad. Nadie sigue al hombre a quien no cree leal.La sinceridad es el único medio de comunicación en política. Las reservas mentales, los subterfugios y los engaños, se pueden emplear en política dos o tres veces, pero a la cuarta no pasan. Y para emplear la falta de sinceridad por dos o tres veces, mal negocio! Es mejor no emplearla. Empleando siempre la sinceridad, quizás algún día desagrada, pero en conjunto agradara siempre. El engaño es un arma muy traicionera en política.En política no hay por que enojarse, puesto que uno no persigue intereses personales, es más fácil decir estas cosas que hacerlas. No hay en esto por que tomar las cosas a la tremenda, no conduce a nada.El conductor debe ser un hombre frió, sin pasiones, y si las tiene, ha de dominarlas y no dejarlas ver nunca. Esa es una cualidad muy peligrosa en la conducción.En política, la lucha debe tender a la universalidad en la utilización de los medios. El sectarismo se va cortando las manos solo, mientras que el otro combate con todos los medios. Eso lo arruina. Esa es su muerte. Renuncia por sí a muchos medios de lucha, cuando en política hay que multiplicarlos para vencer. Es una cosa simple, y sin embargo muy olvidada. Es el pasionismo de los hombres el que lleva a su sectarismo. De manera que el conductor no puede ser nunca sectario si ambiciona el éxito y si tiene el deber de éxito.Otra de las condiciones del conductor es la bondad de fondo y de forma. Hay conductores que son buenos en el fondo, pero que en su manera de ser son ásperos para tratar gente. ¡Que tontos: son buenos en el fondo y no lo demuestran! Hay otros que son malos en el fondo y buenos en la forma. Pegan una puñalada con una sonrisa.No puede ser conductor quien tenga esos defectos, porque lo descubren en seguida. En la primer puñalada descubren que es un acecino, aunque lo haya hecho con mucha dulzura, y a ese que es dulce, muchas veces la gente lo tolera mucho mas que al otro, que siendo bueno en el fondo, se hace odiar por su forma.A veces el conductor es bueno en el fondo, pero debe serlo también en la forma. Solo así se domina a los hombres, por que a los hombres se los domina solamente por el corazón.Lo importante es que en la conducción, no basta decir todo esto; hay que hacerlo. Y es mas difícil hacerlo que decirlo, porque uno debe dominar muchas veces los impulsos, y el impulsivo nunca fue ni será buen conductor. El buen conductor es siempre reflexivo y profundo. El audaz e impulsivo no tiene las condiciones del conductor, porque tiene que manejar hombres, y no hay nada mas difícil que manejar a los hombres.
Conducción Política.
Teniente General Juan D. Peron
Buenos AiresAño 1974